En Julio la literatura parecia disolverse en la experiencia cotidiana e impregnar toda la vida, animandola y enriqueciendola con un fulgor particular sin privarla de savia, de instinto, de espontaneidad. Probablemente ningun otro escritor dio al juego la dignidad literaria que Cortazar ni hizo del juego un instrumento de creacion y exploracion artistica tan ductil y provechoso. Pero diciendole de este modo tan serio, altero la verdad: porque Julio no jugaba para hacer literatura. Para el escribir era jugar, divertirse, organizar la vida (las palabras, las ideas); con la arbitrariedad, la libertad, la fantasia y la irresponsabilidad con que lo hacen los ni?os o los locos. Pero jugando de este modo la obra de Cortazar abrio puertas ineditas, llego a mostrar unos fondos desconocidos de la condicion humana y a rozar lo trascendente, algo que seguramente nunca se propuso.